PREGUNTA Y RESPUESTA DEL PADRE ÁLVARO CÁRDENAS
1 No hay diferencia alguna entre la presencia real de Jesús reservado en el Sagrario y su presencia real expuesto en el altar.
2 Tampoco hay ninguna diferencia teológica cuando estás con Él ante su presencia en la reserva eucaristica o expuesto.
3 Como dices, una puerta no hace que cambie nada su presencia.
4 Dicho esto, hay que decir dos cosas:
Una respecto de nosotros:
- La presencia en la reserva no llama directamente a la adoración. Se le puede adorar ante ella, pero también se puede estar presente en el templo escuchando su palabra, asistiendo a una catequesis, participando en cualquiera de los sacramentos, barriendo o fregando Ia iglesia, arreglando las flores, poniendo unos pasos en Semana Santa,… Se está en el templo, pero no necesariamente se le está adorando.
Otra respecto a Él:
Por otra parte, aunque es el mismo en los dos lugares, hay una diferencia. En el Sagrario no está llamando directamente a la adoración.
Por el contrario, expuesto en el altar para ser adorado, nos llama directamente a ello. En la adoración se nos permite responder a la petición que nos hace: “Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt 26, 38). Los discípulos estaban siempre con el Maestro, pero les llamó a estar especialmente con Él. Por eso cuando los encuentra dormidos les dice : “¿De modo que no habéis podido velar conmigo una hora?”(Mt 26, 40).
La adoracion nos permite responder a esta petición del Señor.
¿Estaba más presente Jesús en Getsemaní que en el lago, en la montaña, o en Cafarnaum? Estaba igual. ¿Pero reclamaba algo distinto a sus apóstoles? Sí, hasta el punto de reprocharles haberle dejado sólo.
¿No estaba siempre con ellos, sí, pero en alguna ocasión les dijo: “Vamos a un lugar tranquilo a descansar a solas” (Mc 6, 31).
Además, en su presencia expuesto en el altar, llama a sus fieles a permanecer con Y en Él, acogiendo su Presencia, que permanece con ellos.
Por otra parte, donde se realiza la adoración eucarística se desarrolla en los fieles una “cultura de la adoración”, una sensibilidad ante su presencia, una conciencia de ser llamados por Jesús a permanecer en Él y con Él.
Esta presencia de Jesús expuesto en el para ser adorado, “se convierte en fuente inagotable de santidad” (Ecclesia de Eucharistia, 10).
“Desgraciadamente […] hay sitios donde se constata un abandono casi total del culto de adoración eucarística” (Ecclesia de Eucharistia, 10).
“Corresponde a los Pastores animar, incluso con el testimonio personal, el culto eucarístico, particularmente la exposición del Santísimo Sacramento y la adoración de Cristo presente bajo las especies eucarísticas.
Es hermoso estar con Él y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito de su corazón. Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el « arte de la oración », ¿cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento?” (Ecclesia de Eucharistia, 25).
Y Benedicto XVI dice:
“La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica. En efecto, « sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera. Y precisamente en este acto personal de encuentro con el Señor madura luego también la misión social contenida en la Eucaristía y que quiere romper las barreras no sólo entre el Señor y nosotros, sino también y sobre todo las barreras que nos separan a los unos de los otros »” (Sacramentum caritatis, 66).
“Recomiendo ardientemente a los Pastores de la Iglesia y al Pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística, tanto personal como comunitaria. A este respecto, será de gran ayuda una catequesis adecuada en la que se explique a los fieles la importancia de este acto de culto que permite vivir más profundamente y con mayor fruto la celebración litúrgica. Además, cuando sea posible, sobre todo en los lugares más poblados, será conveniente indicar las iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la adoración perpetua. Recomiendo también que en la formación catequética, sobre todo en el ciclo de preparación para la Primera Comunión, se inicie a los niños en el significado y belleza de estar con Jesús, fomentando el asombro por su presencia en la Eucaristía.
Además de invitar a los fieles a encontrar personalmente tiempo para estar en oración ante el Sacramento del altar, pido a las parroquias y a otros grupos eclesiales que promuevan momentos de adoración comunitaria. Obviamente, conservan todo su valor las formas de devoción eucarística ya existentes. Pienso, por ejemplo, en las procesiones eucarísticas, sobre todo la procesión tradicional en la solemnidad del Corpus Christi, en la práctica piadosa de las Cuarenta Horas, en los Congresos eucarísticos locales, nacionales e internacionales, y en otras iniciativas análogas. Estas formas de devoción, debidamente actualizadas y adaptadas a las diversas circunstancias, merecen ser cultivadas también hoy”.
(Sacramentum caritatis, 67).
Papa Francisco:
““Muchas veces pienso que nosotros no enseñamos a nuestro pueblo a adorar”. (…) “Sí, les enseñamos a rezar, a cantar, a alabar a Dios, pero a adorar… La oración de adoración, ésta que nos aniquila sin aniquilarnos: en el aniquilamiento de la adoración nos da nobleza y grandeza. Y aprovecho, hoy, para decir: enseñen al pueblo a adorar en silencio, adorar”.
“El hombre, cuando no adora a Dios, está orientado a adorar su yo. E incluso la vida cristiana, sin adorar al Señor, puede convertirse en una forma educada de alabarse a uno mismo y el talento que se tiene. Es un riesgo grave: servirnos de Dios en lugar de servir a Dios”.
“Sin adorar, no se conoce a Dios. La teología y la eficiencia pastoral valen poco o nada si no se doblan las rodillas; si no se hace como los Magos, que no sólo fueron sabios organizadores de un viaje, sino que caminaron y adoraron”.
“Nosotros sabemos rezar, pedimos, agradecemos al Señor, pero todavía la Iglesia debe ir más adelante con la oración de adoración, debemos crecer en la adoración”.
“Cuando adoramos, permitimos que Jesús nos sane y nos cambie”.
La Iglesia no se cansa de llamar a Pastores y fieles a la práctica de la adoración eucarística y a promoverla.
Los beneficios de su práctica son extraordinarios. Y su falta de práctica en Pastores y fieles enfría la fe eucarística de la Iglesia, el amor cristiano y la esperanza.
